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Es curioso, buscaba en google la frase título para esta entrada y la mayor cantidad de información que encontré estaba referida a “la evolución de las ventas de un artículo durante el tiempo que permanece en el mercado. Los productos no generan un volumen máximo de ventas inmediatamente después de introducirse en el mercado, ni mantienen su crecimiento indefinidamente. El concepto de «ciclo de vida de un producto» es una herramienta de mercadotecnia o marketing”. Fuente citada.

Si bien ese fue el primer resultado arrojado por google, podría decir que un porcentaje superior al 90% se refiere al mismo tema. ¿Qué hay entonces con el tema que nos ocupa?

Para los que trabajamos en el área de la sostenibilidad el ciclo de vida en un producto es aquel que se entiende como la secuencia de transformaciones de los materiales que conforman el producto, desde su fase de extracción hasta el procesamiento, de su reparación hasta su reciclado, para terminer convirtiéndose en nuevos productos o partes del mismo restaurado. Es en esencia un proceso -que debiera ser infinito- tal como explica esquemáticamente la siguiente imagen.

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El paradigma actual de producción y consumo apunta hacia un no-ciclo, es decir, un proceso líneal, cuyo inicio se encuentra en la extracción del recurso hasta su final disposición en algún vertedero. Este paradigma estaría muy bien si los recursos a extraer fueran infinitos pero el hierro, el silicio o el cobre no crecen como los árboles en algún bosque de metal, son minerales que se formaron gracias a procesos físico-químicos que duraron miles o millones de años. Cosa que, para la escala temporal humana y nuestra mala costumbre de no vivir más de 200 años -no se consideren renovables-.

Hay que reforzar el llamado hacia la utilización eficiente de los recursos, uso a propósito la palabra utilización más que explotación. Actualmente existen varias herramientas que nos permiten evaluar el daño que hacemos o hemos hecho gracias a la conducta irresponsable de la cultura imperante. Herrameintas como las huellas (de carbono, ecológicas, hídricas, etc) como el cradle to cradle (de la cuna a la cuna) y otras más. Empiezan a marcar la diferencia. La siguiente imagen hace algo de referencia a la idea del cradle to cradle, que es sin más un desarrollo de la imagen pasada, pero que ilustra de manera más detallada, el tema que nos ha tocado tratar.

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Es de resaltar que los esfuerzos aislados no resolverán nada sino el cambio de paradigma, la cultura sostenible, lo que producirá los cambios necesarios. Pero por algo hay que empezar.

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Apasionado por el diseño. Experiencia en arquitectura paisajista, urbanismo e ingeniería. Realización de imagen corporativa y proyectos medioambientales. Calidad y auditoría para empresas. Supervisión e inspección de obras. Objetivos de emprendimiento verde, gestión de empresa y marketing en desarrollo.

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